No te conozco, ni siquiera recuerdo tu cara en muchas ocasiones. Pero últimamente no dejo de matar mi tiempo sorprendiéndome en un día cualquiera, en una hora cualquiera y en cualquier rincón de esta ciudad, teniendo cualquier excusa inventada o reinventada para estar ahí, sentada o de pie, temblando y palpitando como si te conociera de toda la vida. Y ese día, esa hora sin determinar y ese lugar incierto, sólo fueran elementos descriptivos de un instante, un breve instante que eriza mi piel, un instante que me deja sin aliento... Como si todo fuese real por unos segundos. No te conozco, pero me muero por hacerlo.

No hay comentarios:
Publicar un comentario
No olvides firmar tu comentario: