domingo, 23 de octubre de 2011

A mi querida Irlanda, con mucho amor.





En este estado de embriaguez psicológica descubro mi pasado. Dicen que se escurrió en las escarchas de aquellos valles irlandeses por los que, en un tiempo no lejano caminé. Sin motivo más estúpido que el de un amor despechado diverjo por aquellas cumbres, donde el aire huele a café y té. Si es del todo cierto no lo sé, pero sí sé que si no existiera reinventaría mi persona para hacerla capaz de crearlo y soñarlo con los ojos abiertos. La excitación que recorre todo mi cuerpo rebosa de estima caducada alentando mi odio interior a seguir creciendo en un paisaje frío y hermoso.
Y describo mi lugar placentero. Con curvas céntricas hacia un solo punto, el lago de mi histeria contenida. Cuando amanece pide permiso para expresar toda su rabia desbocada en una ventisca de gritos y aullidos. Desenfrenados, austeritos, rasgan mi garganta y me alivian de todo mal existente.

Solo pienso en Irlanda, y sus cumbres borrascosas….Y su paz exterior…Y sus vientos del norte polar… Y sus habitantes fríos y templados. Sus lagos solitarios bañando la tierra oscura de sus orillas. El olor a tierra húmeda en los calcetines al llegar a casa. La llovizna que moja mi cara día a día escondiendo las gotas de llanto que tanto había contenido en aquel tiempo un poco más lejano. Cuando aun no sentía el flujo de satisfacción personal circulando entre cada uno de mis dedos: pulgar, índice, corazón, anular y meñique. Que cariñosa es Irlanda. Me enferma de amor juvenil deseoso de no ser compartido. Pero escapa con cada gota de sudor que emerge de mi piel. Siento que debo hacer llegar mi conocimiento a todo aquel que desee aprender.


Texto: Lau Cuchillo
Foto: Killarney National Park
Ireland




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